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La Concentración

La concentración es la capacidad de mantener la atención por un espacio de tiempo, de acuerdo a la capacidad selectiva de la conciencia hacia un objeto o estímulo determinado, que despierta gran interés o significado en la persona. La atención es una función de la percepción y más que un proceso, es una condición de la actividad psíquica donde se haya presente aspectos de la personalidad y formas de interpretación del mundo externo del sujeto, o del mundo interno respecto a la valoración de sí mismo. Las personas actúan motivadas por la necesidad de ser eficaces, y su resultado depende de la manera en como percibimos el mundo y en cómo nos pensamos. De acuerdo a lo que veo y siento, pienso y actúo.

La calidad de la vida cotidiana y del deporte está basada esencialmente en el nivel de atención y nuestro éxito depende de la habilidad de controlarla. Implica el retiro de algunas cosas para ocuparse de otras no dejando pasar todo aquello ajeno a la situación, como ser los pensamientos y la charla interna de nuestra mente. La capacidad de detener esos factores ayuda a las personas a evitar errores y a ser creativos.

 

¿Porque nos desconcentramos con facilidad?
Esto sucede debido a factores de sobre estimulación. Entra más información de la que el cerebro puede procesar. Si estás leyendo este articulo atendés de manera selectiva a la lectura mientas dejas de hacer otra cosa.

Entre las distracciones externas más frecuentes encontramos el público, ruidos o gritos, la hinchada, el réferi, el rival, la TV, etc. Estas dependen de la cantidad de estímulos que bombardean nuestra mente y que le impiden focalizarse en lo esencial de la tarea. Ejemplos: No puedo mirar lo que tengo que hacer y estar pendiente del público. No puedo jugar bien y pensar que si no lo hago el entrenador me saca del partido. No puedo quedarme en la llamada de atención del réferi pensando que él tenía razón, ni en la venganza al rival que hizo una sucia jugada.

Las distracciones internas se refieren a la charla interna de cada persona: las preocupaciones, dudas, ansiedad, las que bloquean la capacidad de elaboración de la información y reflexión sobre lo que tengo que hacer. Éstas no nos llegan del mundo sino de nosotros mismos. Si pudieras poner un micrófono a tus pensamientos y escucharlos, te darías cuenta que por tu mente pasan muchas cosas que incluso nada tienen que ver con el partido.

Ejemplos: pensar más en el resultado final de un partido que en “el jugar bien”, querer que las cosas ocurran demasiado rápido, pensamientos negativos que denotan falta de autoconfianza en lo que hay que hacer. Asimismo cuando se produce la fatiga y surge el cansancio físico, se ven afectados aspectos emocionales y cognitivos que favorecen las lesiones. Cuando algo se convierte en un reto es más difícil centrarse, lo mismo que cuando el reto es fácil, es decir pensar que el rival es demasiado fácil o demasiado difícil.

Para evitar la sobrecarga de presiones, simplifica el proceso de atención lo más que puedas. Para un buen rendimiento y un buen nivel de atención, debes prepararte para dar lo mejor de vos mismo desde el principio. Podríamos llamarlo “poner la cabeza en su sitio” antes de competir. Aprende a relajarte y a focalizarte ya en el vestuario. No salgas sobre acelerado. Es necesario que todo el equipo esté concentrado y en la misma sintonía. Si un jugador no lo está afecta a la actuación global, es más, puede crear una fricción dentro equipo que puede causar problemas de larga duración.

Cuando tu atención está totalmente dirigida el exterior, tu mente está calma debido al interés que utilizas en lo que estás haciendo. Al poseer toda esa energía en una sola dirección, no das cabida a la distracción, y si lográs mantener esa concentración durante el partido, te darás cuenta que hasta llegas a perder la noción del tiempo. Cuando haces algo que te interesa por ejemplo, jugando con tu play station o chateando ¿tenés idea de la hora? Tu mente está solamente ahí, completamente absorbido por tu tarea e internamente en un estado de relax total.

Este proceso psicológico es utilizado en los shoppings. Al encontrarte en un lugar cerrado donde no posees nada que te conecte con el mundo exterior, perdés la noción del tiempo. Al no poseer ventanas no tenés idea si es de día o de noche. Nada te saca de lo que apunta el marketing del consumo, mantener tu atención en lo principal: mirar las vidrieras y comprar. Hasta te ponen música para impedir que pienses demasiado. Estás como en una burbuja estimulado por percepciones de colores, sonidos agradables y donde todo genera placer.

Cuando no te puedas concentrar, ya sea en el juego, en tu estudio o trabajo, pensá que es lo que está pasando por tu cabeza, que pensamientos están dando vueltas que te impiden concentrarte. Si no lo podes hacer algo está pasando. Las distracciones, al ser pensamientos intrusos respecto a lo que estamos atendiendo, nos llevan automáticamente al cerebro a ejecutarlos, interfiriendo así en la tarea principal. Dejalos de lado y centrate en lo importante.

En el próximo partido tratá de meterte vos en tu propia burbuja imaginaria, jugá de acuerdo a tus sensaciones olvidate del tiempo, no analices ni juzgues, jugá en tu ahora, y comprá el mejor partido de tu vida.

Lic. Julia Alvarez Iguña
Psicología aplicada al Alto Rendimiento

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La empatía como aptitud del entrenador

Por Sebastián E. PERASSO

Para la persona poco avezada, la palabra empatía suele confundirse con simpatía, pero, en rigor, la empatía es mucho más que eso.

Algunas definiciones válidas podrían ser las siguientes:

La empatia es darse cuenta lo que le pasa al otro y asimismo la capacidad para ponerse en el lugar del otro, sin perder la propia identidad.

Es la capacidad o aptitud para comprender los sentimientos, razonamientos y motivaciones de los demás.

Es la facultad de entendimiento, comprensión o comunión afectiva con las personas.

Es, en sentido más vulgar, ponerse “en los zapatos del otro”, de manera tal de poder entender sus penas, sus miedos o temores y sus alegrías.

La empatía es la habilidad para reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás.

En otras palabras, ser empáticos es ser capaces de “leer” emocionalmente a las personas y saber que les sucede.

 

La empatía es una habilidad fundamental de la comunicación, puesto que mejora y facilita el desenvolvimiento y progreso de todo tipo de relación entre las personas.

La empatía viene a ser algo así como nuestra conciencia social, ya que a través de ella se pueden apreciar los sentimientos y necesidades de los demás, dando lugar a la calidez emocional, el compromiso, el afecto y la sensibilidad.

A pesar de que la mayoría de las personas no son crueles ni malvadas cuando responden inconscientemente, muchas veces sus respuestas producen el efecto no deseado, porque en realidad, lo que les falta es habilidad para comunicarse (empatía).

 

Algunos entrenadores no tienen la habilidad para conocer las emociones de sus dirigidos. Son aquellos que poseen un déficit en la capacidad de “leer” lo que les sucede.

En otro orden, son llamados analfabetos emocionales, o con sordera emocional. Todos ellos evidencian fallas en la capacidad para interpretar adecuadamente las necesidades de los demás.

La empatía vendría a ser como una suerte de radar social, el cual permite navegar con acierto en el propio mar de nuestras relaciones.

Si no le prestamos atención a la empatia (a lo que “los otros nos dicen incluso sin decir nada”), con seguridad equivocaremos el rumbo y difícilmente arribemos a buen puerto.

Proceder con empatía no significa estar de acuerdo con el otro, ni implica dejar de lado las propias convicciones y asumir como propias la del otro. Es más, se puede estar en completo desacuerdo con alguien, sin por ello dejar de tener empatía y respetar su posición.

 

A través de la lectura de las necesidades de los demás, podemos reajustar nuestro actuar, pero recordando y teniendo en cuenta que lo que funciona con una persona posiblemente no funcione necesariamente con otra, y lo que en un momento funciona puede no servir en otro, incluso tratándose de una misma persona.

 

No es raro que se crea comprender al otro basándonos tan solo en lo que se nota de manera superficial y no ver más allá de lo evidente y lo que nuestra propia perspectiva muestra.

En rigor, nuestras relaciones se basan no sólo en contenidos manifiestos verbalmente, sino en otros mecanismos también llenos de significado. La empatía permite conocer lo verdadero y profundo del otro, y que tal vez no observemos a simple vista.

 

Es un hecho que no podemos leer la mente, pero sí las señales que parecen invisibles, pero que podemos aprender a captar.

La postura del cuerpo, el tono o intensidad de la voz, la mirada, un gesto e incluso el silencio, son portadores de gran información sobre la persona.

Por ello, quien tenga empatía, podrá decodificar esa información y darle la interpretación adecuada.

 

Una persona con empatía es alguien que cuenta con una buena dosis o capacidad de escuchar y sabe ciertamente cuando debe hablar y cuando no.

Una persona con empatia es una persona con la habilidad para leer las situaciones mientras estas tienen lugar, ajustándose a las mismas conforme éstas lo requieran.

Por el contrario, las personas débiles o carentes de esta habilidad, tienen serias dificultades para leer e interpretar correctamente las emociones de los demás y no saben escuchar.

Las personas que manifiestan incapacidad empática no saben leer su radar social, y a veces – incluso sin proponérselo – dañan la intimidad emocional con quienes tratan.

En el grado extremo de la carencia de esta habilidad encontramos a los alexitímicos, que son aquellas personas incapaces de expresar los propios sentimientos y de percibir adecuadamente los de terceros.

 

Mahatma Gandhi le da – sin proponérselo – una dimensión de gran importancia a la habilidad de la empatía diciendo que “las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista…”

 

La falta de capacidad para reconocer los sentimientos de los demás, esto es ausencia de empatía, conduce a la ineptitud y la torpeza en las relaciones humanas.

Por ello, muchas veces, hasta las personas intelectualmente más brillantes, pueden llegar a fracasar de manera estrepitosa en su relación con los demás, y resultar arrogantes, insensibles, o incluso odiosas.

 

Aquel entrenador que tenga la habilidad de “leer” lo que les sucede realmente a sus jugadores; ver sus emociones y sentimientos más profundos, podrá entenderlos y comprenderlos.

El entrenador con empatía entiende y comprende lo que les sucede a sus jugadores, porque sabe interpretar sus mensajes no verbales.

Por ello, el entrenador con empatía no hiere, no humilla, no avergüenza a sus dirigidos ni les quita su autoestima. Muestra respeto hacia sus jugadores e infunden el mismo respeto de parte de estos.

El entrenador dotado de empatía sabe que les pasa a sus jugadores y actúa en consecuencia. Conoce a sus jugadores y sabe si están ansiosos, nerviosos, enojados o frustrados.

Bajo la aureola de la empatía, la comunicación con sus dirigidos será óptima y podrá construir relaciones eficaces y duraderas

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QUE ES LA VICTORIA

La séptima edición de la Rugby World Cup nos ha dejado un sabor amargo, mezcla de tristeza y orgullo nacional. La salida de Los Pumas en instancias de cuartos de final a manos de los All Blacks, hace ya un par de meses, despierta algunas reflexiones que pueden resultar interesantes en relación a la percepción del éxito y el fracaso en el deporte.
La imagen del equipo argentino tras la derrota sufrida ante los del conjunto de negro trajo a mi
mente la conocida frase del entrenador de fútbol americano Vincent Lombardi:
“… el mejor instante del hombre, la mayor satisfacción de todo lo que ha querido es cuando ha entregado su
corazón a una buena causa y yace exhausto en el campo de batalla, victorioso”
Esa es la imagen que han transmitido nuestros Pumas al finalizar el partido: la imagen de un equipo que lo ha dado todo y que yace victorioso en el campo de batalla a pesar de la derrota. ¿Se puede pensar en una victoria aún cuando el resultado marca lo contrario?
Lejos estamos ya de aquellos “pumas de bronce” que lograron un glorioso 3º puesto en el mundial
de Francia 2007. Glorioso porque se trató de un resultado nunca antes alcanzado y por esa “garra” que transmitían los jugadores partido a partido. Aquel equipo contaba con figuras destacadas como Agustín Pichot, Ignacio “Nani” Corleto, Gonzalo “el Chalo” Longo, Ignacio Fernández Lobbe, y Juan Martín Hernández (el “10”), entre otros.
Tras el éxito indiscutido del equipo argentino en aquel mundial, se iniciaba una nueva etapa para Los Pumas. En junio de 2008, Santiago Phelan junto a otros colaboradores, se harían cargo del proceso de preparación previo al mundial 2011.
El nuevo head coach debería enfrentar un gran desafío: el recambio generacional había llegado y muchas de las figuras destacadas de Los Pumas versión 2007 ya no estarían. Había que hacerse cargo de este proceso y formar un equipo competitivo que pudiese estar a la altura de aquello a lo que Los Pumas nos tienen acostumbrados.
Las cosas no arrancaron bien en cuanto a resultados y rendimiento. La gira por Europa del año 2009 dejaba un saldo desfavorable para Los Pumas. Pero no era el mismo equipo de aquel glorioso 2007 (equipo que llevaba mucho tiempo trabajando juntos y que contaba con destacadas individualidades que supieron actuar como equipo en cada partido dentro y fuera de la cancha).
Había que armar el equipo. Ese era el objetivo del head coach: darle más estabilidad al equipo, completar el recambio, consolidar el grupo con vistas al 2011
Habría que definir el plan de juego,trabajar sobre la disciplina y la concentración, y lograr un buen acondicionamiento físico para el nuevo compromiso mundialista.
El tiempo de trabajo juntos y la experiencia serían claves. Y justamente eso es lo que faltaba y le faltó siempre a Los Pumas: tiempo de trabajo juntos y mayor roce a nivel internacional. Porque en el rugby la madurez de un seleccionado está directamente ligada a la frecuencia con que se compite internacionalmente. Por nombrar algunas cifras, desde junio de 2008 hasta noviembre de 2009, cuando el equipo cerraba su gira por Europa, Los Pumas habían jugado cerca de 11 test matches contra los seleccionados que se reparten los primeros 12 lugares en el ranking mundial.
En el mismo período, Gales jugó 16 veces ante esos mismos equipos e Inglaterra 18 veces. Queda claro el déficit de competencia que sufre el equipo argentino.
Para tratar de equilibrar las cosas y que jugadores del ámbito local puedan tener la preparación necesaria para afrontar compromisos internacionales, se creó el Plan de Alto Rendimiento de la UAR. Una nueva etapa llegaba así al rugby argentino junto con la posibilidad de participar en el 2012 en el Torneo de las 3 Naciones, ahora llamado Rugby Championship.
Y así llegó también el tiempo de los Pampas VX, el segundo seleccionado nacional integrado por jugadores que podrían llegar a Los Pumas con mejor preparación y mayor roce a nivel internacional. Ese seleccionado que, en su segundo año, se consagró campeón de la Vodacom Cup (la segunda copa en importancia del hemisferio sur que reúne jugadores de Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda), instalando un récord de 11 partidos ganados de manera consecutiva. El rugby argentino continuaba haciendo historia.
De aquellos Pampas VX victoriosos (no sólo por resultado sino también y por sobre todo por su rendimiento), varios jugadores fueron convocados por “Tati” Phelan para afrontar los compromisos previos al mundial 2011. Tras unas duras semanas de preparación precompetitiva en Pensacola y en el anexo del SIC, 8 de esos jugadores (al final fueron 9) finalmente serían convocados para integrar la lista mundialista.
Ese tiempo juntos en el Athletes Performance en Pensacola fue clave para la formación del equipo,tal como lo declaró “Tati” días antes de viajar a Nueva Zelanda. Había que desarrollar cohesión: esa suerte de química de equipo que hace que todos trabajen juntos en pos de un objetivo y que genera sólidos intercambios sociales entre sus miembros.
Los más “viejos” tuvieron que integrar a los más “nuevos”. En una nota publicada el 8 de julio de 2011 en el diario La Nación, Mario Ledesma (hooker de Los Pumas) hacía referencia a ese proceso de integración (necesario) que se estaba dando entre ambas generaciones. Y así se fue formando el equipo.
El día 9 de agosto de ese año encontró a aquel grupo de 39 jugadores con alegrías y decepciones.
Sólo 30 viajarían al mundial. Y la noticia que menos hubiésemos querido escuchar: Juan Martín Hernández no había podido recuperarse al 100% de su operación de ligamentos cruzados y se quedaba afuera del mundial.
Con este grupo humano de 30 jugadores, el staff técnico con Santiago Phelan a la cabeza se dirigía a Dunedin, su primer destino en Nueva Zelanda. Allí se enfrentarían en el debut nada menos que a Inglaterra, su rival más fuerte en la zona. Con un plantel compuesto por un 75% de jugadores que nunca habían jugado un mundial, el equipo titular sorprendió por su actuación y rendimiento.
Salió a dejarlo todo como nos tienen acostumbrados hace ya mucho tiempo. Resultado final: 13-9 en favor de Inglaterra; “casi” lo ganamos pero no alcanzó. Aún así el equipo salió victorioso de la cancha y siguió trabajando para el alcanzar el primer objetivo: clasificar a cuartos de final.
Luego llegaría el turno de Rumania y el equipo no dejó dudas con un contundente 43 a 8. Este partido pudo haber servido para ganar en confianza y le permitió a los más “jóvenes” hacer su debut mundialista y, quizá, sacarse esa presión que puede tener un jugador al jugar su primer mundial.
Después siguió Escocia y se ganó con lo justo. Una vez más hacía aparición esa “garra Puma” que emociona. Resultado final 13 a 12. A la baja de Gonzalo Tiesi en el partido del debut, se sumaba ahora la lesión de Rodrigo Roncero y de Fernández Lobbe. Definitivamente el “corcho” se quedaba afuera del mundial. Sin embargo, seguiría aportando al grupo desde “otro” lugar.
Con un pie adentro de los cuartos de final llegaba el último compromiso para alcanzar esa instancia: Georgia. El rendimiento no fue el mejor pero se cumplió. Quizá la ansiedad y otros factores jugaron en contra, pero Los Pumas estaban una vez más y por tercera vez en su historia en los cuartos de final en una copa del mundo: el primer objetivo se había alcanzado.
En cuartos de final ese “cuco” de negro llamado All Blacks esperaba al equipo argentino. La baja de Dan Carter por lesión permitía pensar en un partido más parejo. Pero los All Blacks igual meten presión. Las estadísticas daban por ganador al equipo neozelandés pero, como se dice usualmente, todo equipo puede perder. Y Los Pumas iban en busca de una nueva hazaña.
El partido fue emocionante para cualquier hincha y sobre todo para los jugadores. En términos de resultados Nueva Zelanda se impuso por 33 a 10. Pero las estadísticas del partido nos dicen otra cosa: el equipo neozelandés tardó 66 minutos en marcarle un try al equipo argentino; jugó el 63% del tiempo en campo rival y 37 % en campo propio; tuvo un 56 % de posesión de pelota contra un 44 % de parte de los argentinos. La defensa a puro tackle fue el aspecto más fuerte de Los Pumas: 128 tackles en todo el partido contra 53 de los All Blacks (según la fuente de las estadísticas). Y por último, los de negro sacaron una diferencia de 23 puntos de los cuales 21 fueron marcados de penal.
Pocos dudarían en catalogar al rendimiento argentino como bueno o por encima de lo esperado (en comparación al rival que tuvo que enfrentar). Pocos dudarían en afirmar que el equipo argentino salió victorioso de la cancha a pesar de la derrota. Una vez más hizo su aparición la “garra” Puma. Esa garra que los psicólogos del deporte podemos definir como actitud o fortaleza mental; ese plus que marca la diferencia: fortaleza mental, motivación, autoconfianza, concentración y manejo de las presiones. Con esto sólo no alcanza pero sin dudas permite marcar una diferencia.
Los Pumas se metieron de nuevo entre los 8 mejores del mundo: el único equipo con un plantel
conformado 100% por jugadores nacidos en su país, y que llega a esa instancia sin contar con una
competencia regular.
Tres meses han pasado ya desde el fin de aquel mundial. Sin embargo, las reflexiones continúan.
En un país diezmado en lo futbolístico y con ansias de resultados, este equipo de Los Pumas demostró una vez más que se puede tener éxito a pesar de los resultados. Que se puede confiar en un proceso de trabajo y que todo depende de la vara con que se mida el éxito en el deporte.
Fermín de la Calle, periodista español describió a Los Pumas como “apóstoles de la dignidad… el
mejor equipo del mundo… el que nunca sale derrotado del campo…”. Y todo eso tiene que ver con
otra cosa distinta a los resultados: con el espíritu de equipo; con el compromiso; con la búsqueda del mejor rendimiento posible… con los valores del deporte.
Una vez más el rugby argentino fue el centro de atención que atrajo la mirada de la platea mundialista. Una vez más Los Pumas demostraron que el éxito y el fracaso en el deporte no siempre dependen de un resultado y que se puede salir victorioso a pesar de la derrota. Para
seguir pensando…
Lic. Javier Ignacio Villa
Especialista en Psicología del Deporte
Referencias bibliográficas:

Prieto, C. (15/11/2009). Inglaterra fue algo más que Los Pumas en un test que estuvo para cualquiera. Clarín Deportes (Bs. As.), pág. 80

Prieto, C. (23/11/2009). La experiencia, ese problema. El Deportivo, Clarín (Bs. As.), pág. 21

Prieto, C. (30/11/2009). Hacen camino al andar. El Deportivo, Clarín (Bs. As.), pág. 25

Michelena, A. (10/08/2011). Pumas 2011. Sin Mundial para Hernández. Clarín Deportes (Bs.
As.), pág 61
Fuentes electrónicas:
http://www.irb.com/
http://www.rugbyworldcup.com/
http://www.lanacion.com.ar/1387727-esta-pasando-lo-mismo-que-paso-en-2007
http://www.canchallena.com/1411379-las-10-claves-que-dejo-la-primera-etapa-de-la-copa-delmundo

“El tiempo juntos es clave para el equipo”


http://www.canchallena.com/1409656-corcho-se-queda-aun-lesionado-estoy-para-sumar-llevareel-agua-y-pondrela-musica
http://www.uar.com.ar/noticias/noticias.asp?idinfo=294
http://mundod.lavoz.com.ar/rugby/pumas-son-mejor-equipo-mundo

Entrenamiento con sobrecarga en niños y adolescentes

116. SOBRECARGA EN NIÑOS.

NUEVA METODOLOGÍA DE TRABAJO

Ricart A.

Centro de Salud y Aptitud Física de La Plata – Argentina.

En primer lugar, este tema merece algunas consideraciones

acerca del concepto “SOBRECARGA”, ya que si bien

el término es muy amplio y se refiere a “cualquier carga

adicional”, para nosotros y en este caso en particular nos

vamos a referir a las cargas que se utilizan en Gimnasios

por medio de pesas libres (halteras) y / o aparatos con y

sin poleas, o sea al clásico trabajo de pesas para el fortalecimiento

y desarrollo muscular.

En segundo lugar, quiero destacar que desde hace ya

varias décadas, los médicos en general asocian al trabajo

con pesas en niños menores de 13 – 14 años con trastornos

o alteraciones del crecimiento y desarrollo óseo u

osteomioarticular. En los últimos años, esto ha trascendido

el ámbito médico y académico de modo tal que el

concepto también fue instalándose en la comunidad en

general. Al menos así lo demuestran claramente las encuestas

que realizamos desde el CESALP en el período

1996 a 1998 en ambos grupos poblacionales ( comunidad

médico y población en general). Estas encuestas arrojan

como resultado que ambos grupos poseen la misma

opinión con respecto a esta problemática: Se oponen a la

realización de dichos trabajos por el riesgo de lesiones de

crecimiento óseo y de lesiones por sobrecarga o sobreuso

(overuse).

Consultada la bibliografía acerca de este tema, no se

encuentra ningún trabajo científico que avale estos conceptos,

por lo que podemos asegurar que esta premisa o

paradigma se sustenta en creencias y opiniones populares

sin fundamentos científicos comprobados, es decir que se

trata de un concepto folklórico, popular.

De las encuestas realizadas a médicos, muchos de ellos

pediatras, nos sorprendió el dato de que en las respuestas

no tuvieron en cuenta el grado de maduración de los

niños, máxime considerando que las preguntas especificaban

la edad de los mismos: entre 12 y 13 años, como así

también nos llamó la atención el desconocimiento de la

magnitud de las cargas de trabajo, es decir intensidad y

volumen a aplicar en niños normales.

Todo lo expuesto precedentemente nos motivó para la

realización y ejecución de un Proyecto de Estudio acerca

de las cargas de trabajo en relación a la madurez del niño,

y luego de varios análisis, inteconsultas, ateneos y seminarios

sobre el tema específico logramos la creación de un

Método de Trabajo

que considera 4 cuestiones de fundamental

importancia en el grupo etáreo estudiado: a) El

grado madurativo del niño, b) El objetivo que se persigue

con el trabajo, c) La magnitud de las cargas a aplicar y d)

Las características, desarrollo y control del Programa de

trabajo a aplicar con estos niños.

Es así que se consideran 5 Etapas para la prescripción de

trabajos de sobrecarga en niños en concordancia con los

Estadíos de Tunner de madurez sexual (por desarrollo de

genitales y vello púbico), con 2 objetivos diferentes:

a.

Objetivo Preventivo o Terapéutico: las cargas se

ajustan según la madurez sexual del niño y la patología

o problema a prevenir o tratar.

b.

Objetivo de Fortalecimiento Muscular: para mejorar

desempeño deportivo específico del niño.

Planificación del Trabajo de Sobrecarga en niños:

Magnitud de la Carga:

la intensidad se expresa en Porcentaje

(%) de una repetición máxima (1 RM) conforme al

grado de madurez en que se encuentra el niño según los

Estadios de Tanner. Ejemplo:

En estadio 1: cargas del 50% de 1 RM

En estadio 3: cargas del 70% de 1 RM

En estadio 5: cargas del 80% de 1 RM

Volumen:

se planifican 3 a 5 series de cada grupo muscular,

con 10 a 12 repeticiones, c/u de ellas según grado de

madurez sexual.

Frecuencia:

mínimo 3 veces por semana, generalmente

aplicadas con fines deportivos. Máximo 5 veces por semana,

generalmente aplicadas con objetivos terapéuticos o

de rehabilitación. También se ajusta la frecuencia semanal

de acuerdo al estadio madurativo del niño.

Por último, se establece un flujograma que a manera de

guía control, asegura un procedimiento eficaz, seguro y

confiable. Este flujograma comienza con el Examen de

Salud y Aptitud que corresponde realizar en cada situación,

sigue por la Evaluación de madurez sexual y luego se

fijan objetivos de Salud o Deportivos según corresponda,

para recién después prescribir el Plan de actividad para

trabajo con sobrecarga.

Por último, se establecen premisas que siempre deben ser

respetadas cuando lo que pretende realizar es el Trabajo

con Niños:

1. Adaptación de los ambientes de trabajo.

2. Desarrollo, supervisión y control por profesional

adecuadamente capacitados.

3. Respeto por los tiempos psico biológicos del joven en

formación.

4. Desarrollo de las actividades con creatividad, con alto

contenido lúdico a través de la utilización de diversos

recursos.

COMUNICACIONES ESPECIALES

SPECIAL NOTICES

COMUNICACIONES

Volumen XXII

Número 110

2005

Págs. 531-534

COMUNICACIONES

ESPECIALES

ARCHIVOS DE MEDICINA DEL DEPORTE

532

A M D

En resumen, estamos convencidos de que en la etapa

prepuberal y puberal las cargas de trabajo deben adecuarse

al estadio madurativo que está atravesando el individuo,

puesto que la uaplicación de esta metodología permite

maximizar los beneficios y disminuir los riesgos del trabajo

con sobrecarga en niños.

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Los niños y el deporte

Los niños y el deporte: La iniciación deportiva infantil
Hay diversas opiniones en cuanto a cuál es la etapa ideal para la iniciación en el deporte, pero todos concuerdan que ésta puede llevarse a cabo cuando el niño ha desarrollado el necesario nivel de aprendizaje para el deporte que ha escogido.

Cuando se trabaja con chicos es muy importante implementar su enseñanza basada en una sólida y atenta comunicación, ya que en el deporte se puede hacer daño a los 7 u 8 años y verlo reflejado a los 12 o más tarde. Por eso es importante el rol de la psicología en el campo de la observación y prevención, remarcando que toda exigencia y manejo de presiones externas deben estar de acuerdo al nivel de preparación mental de cada jugador o equipo.

A veces observamos que entre lo que se debe y lo que se debería es abismal, viendo a chiquitos de cinco o seis años entrar en el campo de la competencia como víctimas de padres y entrenadores bajo la influencia de una sociedad exitista. Los niños orientados a la búsqueda constante de resultados sólo sienten placer en función del éxito y del reconocimiento obtenido. En caso de no conseguirlo, son incapaces de hallar satisfacción en el esfuerzo aplicado, lo que va transformando en el niño la tendencia a evitar resultados negativos con poca tolerancia al error, rehusando tareas difíciles donde pueda quedar implicada su autoimagen.

Si bien la competencia forma parte de todo deporte, no es el eje principal sobre el cual se edifica la niñez, y menos en edades donde lo único que el niño quiere es jugar y divertirse. Es muy importante que los padres o tutores puedan facilitar el acceso a diversas disciplinas pudiendo elegir cuál es su deporte predilecto. Muchas veces, el deporte conserva un lugar de ilusión en el imaginario de la mayoría de las personas, relacionándolo con el ascenso social y económico. ¡ERROR! Hay que comenzar a cambiar el discurso de ser competitivo por el de ser competente. Dentro del campo de los menores la competencia forma parte del juego, pero no como eje central. Es una categoría más, pero no la fundante.

Desde que nace, la prioridad principal del niño es el juego. Ya a los 5 ó 6 años están capacitados para las tareas en grupo, tratando de desarrollar todo el potencial de movimiento con tareas afines a su grado de evolución. A esta edad se posee un pensamiento concreto, con operaciones realizadas sobre la base de la realidad. Sólo se quiere jugar, predomina el juego espontáneo, la diversión. No se trata de dirigir el juego ni sobresale el premio como parte del juego. A esa edad quieren jugar con otros y no contra otros.

A los 7 u 8 años comienza el pensamiento abstracto y la expresión de habilidades técnicas, y una mayor destreza motriz en el aprendizaje de las mismas. Es cuando se comienza a separar al niño por categorías: pre-décima, pre-novena, etc. En esta fase, si se coloca al niño en una cancha con altos ideales y si éstos no se alcanzan, lograremos jugadores con miedo precoz a la frustración, niveles de ansiedad y de estrés. En esa edad, el niño tiene un umbral de aprendizaje, y no es bueno ir por debajo ni por arriba del mismo. Se debe trabajar sobre los valores del juego, la diversión, el placer, la creatividad, remarcando el desarrollo de la motivación y el trabajo en equipo. El niño seguramente quiera jugar como los adultos o su ídolo preferido, pero es tarea del educador de ayudarlo a pensar que para poder cumplir sus ideales se necesitan valores como tolerar errores, capacidad de espera, esfuerzo, etc. Valores que irán formando las actitudes sobre las que se edificará el espíritu deportivo.

Entre los 10 y 12 años ya hay aumento de coordinación y manejo interno y externo de atención, lo que permite comenzar a trabajar la parte estratégica del juego. Hay noción de reglas, del otro diferente a mí, del esfuerzo y el sacrificio, donde la parte volitiva comienza a integrarse a la motivación. Una de las cosas más importantes cuando se trabaja con chicos es saber diferenciar entre lo prioritario, que es la enseñanza, de lo lúdico y lo accesorio, que es el resultado. Hay que poder blanquear siempre las diferentes realidades. Se debe remarcar, incluso a costa de ser machacón, un concepto clave: no quedarse pegado en el resultado. Innumerable cantidad de veces solemos escuchar frases como “hoy tenemos que ganar”. Reflexionemos juntos: ¿Y ayer no, y mañana tampoco? ¿Qué significado posee la palabra ganar? ¿Qué clase de carga psicológica o mandato transferimos al niño?

El entrenador no puede estar distraído más allá del juego, necesita realizar una inicial lectura de las diversas personalidades en formación. A alguno será conveniente activarlo, otro estará excesivamente motivado y sale a 120 kilómetros por hora, otro está angustiado, otro posee cierta característica melancólica y necesita refuerzo interno, en otros su rendimiento estará condicionado a la presencia o ausencia de los padres y, en esos casos, se necesitará cumplir el rol de objeto externo de seguridad y sostén.

A veces, la familia o el profe se extralimitan y bajan un discurso que el niño no entiende. Se baja línea directamente desde el manual de la técnica, y es necesario tener paciencia y comprensión. Los padres deben acompañar a jugar a sus hijos y no a ganar, de lo contrario los chicos terminan comprando el discurso de los padres y se desdibuja la elección. Si los dejan elegir, es distinto el resultado. Podemos graficarlo desde dos tipos diferentes de miradas: uno, el que le pregunta al hijo luego de un partido: ¿te divertiste?; y el otro, que pregunta: ¿ganaste? Muchas veces, el hijo pasa ser la provisión narcisista de todo aquello a lo que los padres no pudieron acceder y esto hay que advertirlo a tiempo.

El cuerpo técnico debe tener un catálogo normativo para padres y lograr que éstos colaboren con el equipo en forma positiva apoyada en valores de crecimiento. Poder integrarlos de alguna manera al equipo, pero desde otro rol. Por ejemplo, encargarse de las combis cuando se juega de visitante, ayudar a recoger el material de entrenamiento, participar en algún juego, encargarse del carpool para llevar y traer a los chicos aprovechando en ese espacio para sostener una escucha abierta sobre los comentarios tanto al ir como al volver de las prácticas y partidos, elegir un capitán del equipo de padres, una madre que se ocupe de las carteleras, otro padre que se encargue de la disciplina de los propios padres, crear un reglamento normativo para padres que lo firmen todos como un reglamento de convivencia, ya que muchas veces éstos se desdibujan del lugar que ocupan para transformarse en uno más de la locura de la hinchada. Padre que grita y no respeta al hijo, tarjeta amarilla; a las tres tarjetas amarillas, tarjeta roja sin poder asistir a determinada cantidad de partidos.

Ante situaciones de vergüenza y creación de límites acción-reacción, comienzan a cambiar aprendiendo tardíamente de sus conductas antideportivas. Como dice el video y parafraseando a Joan Manuel Serrat “Padres, dejen de joder con la pelota”. Estas actividades ayudan a que el padre no sea sólo un simple espectador observando y criticando conductas, permitiéndole formar parte de los aspectos lúdicos del juego, generando un rol y una pertenencia externa al equipo de sus hijos.

A los doce años generalmente se abandona el deporte porque se cansan, pudiendo ser retomado más tarde. Muchas veces, estas situaciones son producidas por déficit o por exceso de presencia paterna. ¿A qué me refiero? Los chicos necesitan estar sostenidos por la mirada de sus padres, ser alentados, dando lugar al desarrollo de una sana autoestima. Cuando hablamos de presencia en exceso nos referimos a la extrema presión paterna, donde no juegan por su deseo de participar sino para satisfacer a los otros. Muchos sabemos de grandes profesionales que han tenido que dejar el deporte por estas razones, como un famoso tenista argentino recientemente desvinculado del deporte profesional.

En el deporte, la figura del profesor se vuelve muy importante. A veces, el deporte es el profesor; él es el experto y la figura de identificación más importante. El niño juega, se equivoca, se enoja, comparte con otros, se desconcentra, se desmotiva, se frustra, quiere resultados rápidos, se siente evaluado todo el tiempo. Detrás de la actividad pedagógica hay una enseñanza que no puede pasarse por alto, que es el aprendizaje de vida de cada situación deportiva, que le permitirá ir encontrando soluciones ante situaciones aprendidas. Ese es el rol más importante de los que estamos implicados en la prevención, salud y educación de nuestros jugadores.

Todas las experiencias deportivas son en sí muy intensas, pudiendo pasar en un breve período de la exaltación a la caída, de la sobreactivación a la desmotivación. Son ésos los momentos vitales donde la presencia del entrenador toma un papel preponderante desde su palabra y ejemplo. Nadie puede poner en juego lo que nunca ha recibido o le han enseñado. El profesor se torna en un modelo a imitar, y muchas veces parecen semidioses, por eso es importante la comunicación del entrenador de forma normativa y coherente, relativizando los resultados, remarcando los principios del esfuerzo y los valores.

Lic. Julia Alvarez Iguña
Psicología aplicada al Alto Rendimiento